Cuando el psicólogo actúa con la intención de cambiar cualquier tipo de conducta errónea en el comportamiento de un cliente, sabe que esa actuación tendrá una repercusión directa en la vida de esa persona. Sin embargo, basándonos en la importancia de esas modificaciones podemos distinguir dos tipos de consecuencias inmediatas, unos cambios substanciales y unos cambios superficiales.Aunque, como bien sabemos en la PNL, cualquier tipo de cambio en la conducta es importante porque desencadena o puede desencadenar otra serie de cambios saludables escalonados, tampoco podemos obviar que el tipo de cambio que adopte esa persona será en mayor o menor medida importante dependiendo de lo adecuada que sea la técnica empleada para generarlo.
Existen diversos métodos que ayudan a los pacientes a sentirse mejor, pero que en su mayoría sólo contribuyen a una mejoría pasajera y no los capacita para ponerse mejor. Existen, pues, entre estos dos tipos de cambios: aquellos que ayudan a “sentirse” mejor y aquellos que ayudan a los clientes a “ponerse” mejor.
Albert Ellis, fundador de la Terapia Racional Emotiva, ha profundizado en este tema. “Cuando se sienten mejor- dice Ellis- experimentan un alivio en los síntomas presentados. Se sienten menos angustiados, deprimidos, culpables y airados. Cuando se ponen mejor, la reducción de los síntomas presentados se acompaña de una tendencia a obtener otros cuatro logros: 1. Mantienen sus cambios emocionales y conductuales. 2. Reducen en grado notable su actitud perturbada…3. Saben tratar con rapidez y eficacia sus sentimientos y acciones…4. Se vuelven cada vez menos perturbables y más autorrealizadores”.
En resumidas cuentas, para este autor, “sentirse mejor” es algo puntual y temporal, mientras que “ponerse mejor” es algo más sustancial y definitivo.
La mayoría de las técnicas que se suelen emplear en la psicología clínica ayudan a crear cambios superficiales, temporales y específicos, y sólo unas pocas pueden desencadenar cambios realmente definitivos en la conducta de las personas.
Métodos como el de “refuerzo y penalización” (es decir reforzar las acciones de un cliente con premios y castigos), “tranquilizar y alentar” o “brindar calidez y apoyo”, etc…, son en la mayoría de los casos un arma de doble filo. Estas técnicas proporcionan al cliente en un primer momento lo que este necesita, pero después pueden convertirlo en dependiente de esa misma técnica. Podemos haberle inducido a actuar de una manera correcta pero por un motivo erróneo. (Por ejemplo, por evitar un castigo o conseguir un premio, no por la bondad del acto en sí.)
Existen otra serie de técnicas que sí ayudan a conseguir cambios más substanciales en la conducta del individuo. Además de las clásicas desarrolladas por Carl Rogers, como “la aceptación incondicional” o la empatía, existen en PNL muchísimas técnicas, como el “reencuadre”, el “chasquido” o el “reimprinting”, que establecen nuevas pautas que desencadenarán cambios profundos en la persona.
El lograr cambios substanciales y duraderos en la mejora de los hábitos erróneos de nuestros clientes es, sin duda, uno de nuestros mayores retos cotidianos, y la elección de la técnica idónea para cada caso puede ser, quizás, una de las claves para el éxito.




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